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viernes, 30 de marzo de 2012

Narrativa caribeña a ritmo femenino



Narrativa caribeña a ritmo femenino
Las escritoras Josefina Báez, Mayra Santos-Febres y Lilian Pallares visitan Madrid
Sus ideas progresistas se salen de los cánones de la cultura latina más arraigada
Asisten al II Congreso Internacional sobre el Caribe, en Madrid

CRISTINA ESGUERRA Madrid 27 MAR 2012 (EL PAÍS)


“Yo vengo de una larga tradición de mujeres escritoras: Rosario Ferré, Giannina Braschi, Ana Lydia Vega” comienza a explicar la autora puertorriqueña Mayra Santos-Febres. El boom del cuento caribeño escrito por mujeres ocurre en la década de los 80. Por lo menos allí es donde lo sitúan Cristina Bravo, Evangelina Soltero, Paloma Jiménez y Juana Martínez, cuatro profesoras de la Universidad Complutense de Madrid embarcadas en la épica tarea de recompilar todos los cuentos escritos por mujeres antillanas.
Desde comienzos de siglo ya se había dejado sentir la fortaleza de estas mujeres cuyo reto no es solo aprender a contar una buena historia, sino también evitar la etiqueta que suele dar a la mujer caribe. “La gente espera que nos dediquemos a parir. Que tengamos cinco, seis o siete hijos. Tiene que ser una familia numerosa en todo caso. Se sorprenden cuando digo que no quiero hijos” dice la poeta colombiana Lilian Pallares. No quieren que se les obligue a ser una sola cosa: “¿Por qué hay escoger entre ser madre, esposa o escritora? ¿Por qué no todo al tiempo?”, se preguntan Pallares, Santos-Febres y la performer dominicana Josefina Báez.
Reunidas en la terraza de la Casa de América con motivo del II Congreso Internacional sobre el Caribe, las tres artistas hablan sobre el Caribe desde la voz narrativa de la mujer. Una voz fuerte pero siempre femenina, que se expresa con precisión y un ingenio envidiable. Ellas narran la realidad de su pueblo con la misma naturalidad con que se mueven, y hasta el momento ningún tema ha tenido las espinas suficientes como para dejarlo de lado.
Al preguntarles por su concepción del Caribe, Mayra Santos-Febres se adelanta a Pallares y a su amiga Josefina Báez, y responde: “el Caribe es la misma vaina pero en otra clave”. Para los que no nacimos con esa clave descifrada el mundo Caribe está rodeado de misticismo. Idealizamos los colores, nos fascinamos con el vaivén del movimiento y tendemos a verlo todo con los ojos del realismo mágico. “Pero las posibilidades del Caribe son tan inmensas –resalta Josefina-, que esa magia se queda corta”. Con esa frase la dominicana describió la región y la narrativa que la cuenta.
La tierra golpeada por ese mar, especialmente en el caso de las islas, es un punto de convergencia entre la cultura indígena, hispana, africana, francesa, yanqui, inglesa y holandesa. “Pensar el Caribe en términos de pureza es un sinsentido” afirma Santos-Febres. Esta multiplicidad exclusiva de aquel lugar ha creado una cultura, un lenguaje y una historia que exige ser pensada de manera reticular. Santos-Febres hace patente la particularidad de esta concepción de la historia y del tiempo con la imagen del árbol: “Los caribeños creemos que en el centro del mundo hay un árbol sagrado. La forma de las raíces nos permite pensar en la pluralidad de nuestro pasado, y las ramas que crecen en todas las direcciones son una visión de nuestro futuro”. Un futuro que, al igual que los orígenes de esta región, tiene de suyo el tema de la migración.
En esta cultura, en la que lo único constante es el cambio, la voz de la mujer ocupa un lugar central. “Desde fuera suele tildarse de machista –dice la puertorriqueña-, pero en realidad el patriarcado en la zona es muy débil. Los hombres emigraban a otras ciudades e incluso a otros países en busca de trabajo y la que quedaba para sacar el país adelante era la mujer. Muchos iban a parar a la cárcel y era la madre quien se quedaba a cargo de la familia y de la economía de la casa". Ella llevaba las cuentas y al mismo tiempo era protagonista de la oralidad que ha sido siempre fundamento del Caribe.
“En países como Puerto Rico –afirman las cuatro profesoras de la universidad madrileña-, el brillo femenino llegó incluso a opacar a los hombres. Ellas son más innovadoras, más provocadoras y más osadas. Han cogido carrera y ahora van por delante de los hombres”.
De entre el abanico de posibilidades, como les gusta describirlo a las tres artistas caribeñas, las raíces africanas suelen resaltar en la narrativa femenina. Algunos cuentos están impregnados de la magia de la santería y muchos otros se narran a partir de la creencia vudú. La música también va entretejida en este tipo de escritura. Varias historias de la reconocida autora puertorriqueña Ana Lydia Vega van al ritmo de un bolero y cuentan al mundo y a los hombres desde la perspectiva de una mujer que se ha adueñado de su cuerpo.
En “Letra para salsa y tres soneos por encargo” escribe Vega: "En la De Diego fiebra la fiesta patronal de nalgas. Rotundas en sus pantis super-look, imponentes en perfil de falda tubo, insurgentes bajo el fascismo de la faja, abismales, olímpicas, nucleares, surcan las aceras riopedrenses como invencibles aeronaves nacionales".
La voz de la narradora caribeña se mueve entre “el humor negro, la ironía y la parodia”, dice Bravo emocionada. Con el ingenio del que hace alarde Vega en la cita anterior, se burlan de sí mismas y se apropian de la imagen que se tiene de ellas.
Echan mano de los recursos del lenguaje poético para despoetizarlo. Un lenguaje que, a pesar de estar ahora impreso, jamás ha olvidado la oralidad. Los cuentos hablan la historia, la dibujan con palabras que hacen la mezcla cultural tan patente como el color de piel de las narradoras. Si la expresión lo requiere se pasa indiscriminadamente del español al inglés e incluso al francés. Todos esos idiomas les pertenecen y ellas ejercen su derecho a combinarlos. De allí surge una composición que en el caso de Báez ella se la ha apropiado como dominicanish, título además de una de sus obras.
En el momento de narrar, se dan la libertad de, para utilizar la expresión de Pallares, “jugar con el lenguaje como conchas” para contar historias unas veces inspiradas en las charlas de los vecinos y otras para dar voz a quienes no la tienen. “Para contar los silencios” como dijo Santos-Febres. Para escribir de lo que no se habla.
Son historias reales unas veces con matices de tristeza y otras con un tono de alegría. Hablan sobre la migración, la prostitución, la sexualidad, la religión, la historia y la danza. Relatan el Caribe evitando a toda costa la generalización y el encasillamiento porque ello les implicaría contradecirse.
Entre todas ellas hay un vínculo que no repara en la envidia. Se ayudan entre sí, se leen unas a otras y se invitan a los congresos que se organizan. “La idea es crear una visión plural –explica Santos-Febres-, si te enamoras de tu propia negritud te convierten en una pieza de museo. Te paran ahí y comienzan a tomarte fotos.” Lo de ellas es la complicidad y el apoyo.
“Cuando se habla de escritores hombres siempre se dice siempre elescritor. Pero si alude a una mujer la expresión es siempre las escritoras. Nunca se abandona la pluralidad”, recalca Santos-Febres. En vez de ir contra la corriente intentado cambiar la imagen que se tiene de ellas, las escritoras caribeñas prefieren apropiársela y convertirla en fortaleza. Esa es la opción por la que se han decantado siempre.

viernes, 12 de agosto de 2011

¿Es usted escritor? (versión quinta y final)


( el autor en el jardín del Hotel Nacional en La Habana )

Asistí anteayer a un sarao literario en la Casa de América. Una señora de buen ver se acercó y amablemente dio origen a este breve diálogo:

-Me han dicho que usted escribe.

-No señora, ¡vivir del cuento! ¡qué más quisiera yo! Un servidor oficia de maquillador de cadáveres en la funeraria “La Gran Vida”, ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Le dejo mi tarjeta de visita.

El supuesto escritor se alejó dejando una vaharada a formol que dejó atufada a la hermosa dama.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, salvo que alguna lectora decida enviar una sexta versión del frustrado encuentro.

jueves, 4 de agosto de 2011

¿Es usted escritor? (tercera versión)


( el editor en Cuba )

La Dama De Buen Ver, o alguna mujer bajo ese heterónimo, me ha enviado un correo con su versión de nuestro encuentro en la Casa de América, que publico a continuación:

"La otra tarde, con mucha desgana, hice el esfuerzo de asistir a un encuentro literario en la Casa de América. En un rellano de la escalera del palacio de Linares, me topé con un señor de buen ver y aire de ahí me las den todas. Su cara me sonaba de algo, probablemente de algo relacionado con el mundo editorial de mi marido. Me acerqué con fingida torpeza y le pregunté:
-Me han dicho que usted escribe.

-Sí, señora, contestó el cincuentón con aparente desapego, desmentido por el brillo de sus ojos.

-Y... ¿desde cuándo lo hace usted? Mis preguntas no estaban siendo burbujeantes de ingenio pero…conozco bien a muchos escritores y a sus egos; normalmente prefieren preguntas simples para ellos responder con lucimiento.

-Pues... más o menos desde que aprendí a escribir. A leer aprendí yo solito, juntando las letras de los rótulos de los comercios de la calle que me nació. A escribir me enseñaron los libros que, a hurtadillas, tomaba de la biblioteca de mi padre.

¡Bueno, bueno!…me dije. Este tío no es tonto, utiliza bien las palabras y tiene una media sonrisa que me pone. Voy a someterle a una última prueba. Le preguntaré aquello que más cabrea a quienes escribimos:

-Bien, bien... y ¿de qué tratan sus libros?

-Señora, mis relatos tratan de lo que está escrito en ellos, es decir, del amor, de las mujeres y de la vida y de mis cosas.

Le apunté un notable en su haber. No le di sobresaliente porque parte de su respuesta es el título de una colección de poemas de Benedetti, aunque también es cierto que las personas leídas y escribidas nos utilizamos unos a otros, la mayor parte de las veces inocentemente. Un notable es suficiente para meterme en su cama.

Sonreí, deslicé en su mano izquierda un papelito con mi número de teléfono y me marché balanceando mis caderas al ritmo del mar Caribe. Mi padre siempre me decía, cuando niña, que me movía mejor que la olas. De mayor supe que la frase paterna pertenece a la letra de un bolero. Y que mi marido es un gilipollas de tomo y lomo."


( foto Isabel Muñoz )

miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Es usted escritor? (segunda versión)



( el autor en Cuba )


Entre los bienqueridos comentarios que mis idolatradas lectoras fueron depositando en el regazo de la versión primera de este fugaz encuentro en la Casa de América, se hace evidente una corriente crítica con mi seca respuesta a la bella dama que me abordó. A ellas, y a todas las improbables e impagables personas que me leen, dedico esta segunda versión de lo acaecido:


Asistí anteayer a un sarao literario en la Casa de América. Una señora de buen ver se acercó y amablemente dio origen a este breve diálogo: 

-Me han dicho que usted escribe.
-Sí, señora.
-Y... ¿desde cuándo lo hace usted?
-Pues... más o menos desde que aprendí a escribir. A leer aprendí yo solito, juntando las letras de los rótulos de los comercios de la calle que me nació. A escribir me enseñaron los libros que, a hurtadillas, tomaba de la biblioteca de mi padre.
-Bien, bien... ¿y... de qué tratan sus libros?
-Señora, mis relatos tratan de lo que está escrito en ellos, es decir, del amor, de las mujeres y de la vida y de mis cosas.

La dama sonrió, deslizó en mi mano izquierda un papelito con su número de teléfono y se marchó balanceando sus caderas al ritmo del mar Caribe.


miércoles, 20 de julio de 2011

¿Es usted escritor?


( el autor en Cuba )

Asistí anteayer a un sarao literario en la Casa de América. Una señora de buen ver se acercó y amablemente dió origen a este breve diálogo: 

-Me han dicho que usted escribe.
-Sí, señora.
-Y... ¿desde cuándo lo hace usted?
-Pues... más o menos desde que aprendí a escribir.
-Bien, bien... ¿y... de qué tratan sus libros?
-Señora, mis libros tratan de lo que está escrito en ellos.

La dama fuese y no hubo más.