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domingo, 24 de octubre de 2010

VARGAS LLOSA, LA ESCRITURA COMO VENGANZA




'La escritura es una venganza...un desquite de la vida'
"La vejez no me aterroriza. Mientras trabajo, me siento invulnerable"
"Escribir es mi paraíso. Te lleva a defenderte de cualquier adversidad"

"No sé mi 'mail', jamás agarro un teléfono que suene, no sé usar los celulares"

"No está en mi carácter el ajuste de cuentas. Pero me alegro del juicio justo"

El día en que ganó el Nobel de Literatura alguien le llevó a Mario Vargas Llosa a Nueva York unos dulces de Arequipa (Perú), llamados "guargüeros".

( reportaje y foto de El País Semanal, domingo 24 octubre 2010 )

viernes, 20 de agosto de 2010

SEDUCIR POR SEDUCIR

(fotos del autor)

Röhmer lleva razón: «Somos viejos cuando ya no sentimos la necesidad de seducir. Seducir por seducir…no importa cómo acabe…».

Ámbar, cuando estaba con un hombre, siempre mantenía la voluntad de preservar su soledad. Para mí lo peor ha sido, y es, aguantar a los que de ella se enamoran. Alguien, y tengo un sospechoso muy prometedor, ha corrido el rumor de que yo entiendo a fondo a Ámbar y que soy su único confidente. Por ello, y desde hace tiempo, nunca hablo de ella con nadie. Sólo conmigo mismo, cuando bebo. Ya no somos inocentes.

El amor será, es, efímero. Pero, en verdad, yo quiero a Ella desde Atapuerca.

sábado, 10 de abril de 2010

COLOMBIA-MEDELLÍN-VALLEJO


"La vejez es el gran tema de la literatura"

 
"Uno no escribe lo que quiere, sino lo que puede", afirma el escritor colombiano, que volvió a su ciudad, Medellín, para escribir El don de la vida. Y allí, en el parque de Bolívar y en otros lugares, habla del "sentido del idioma", del dolor de los animales, de la vida y de la muerte."Desde la vejez se ve toda la vida humana"
Quiso escribir una novela sobre la muerte, sobre su muerte, "un tratadito sobre la vejez y sus miserias", y se sentó en un banco del parque de Bolívar, en el centro de la ciudad de Medellín, su ciudad, donde nació hace 67 años y por donde transitan sus 10 novelas, escritas todas en primera persona, todas alrededor de su vida y de la vida y la muerte de los suyos, de su hermano Silvio, que se pegó un tiro en la cabeza a los 25 años, o de su hermano Darío, con el que compartió sus primeros muchachos y al que vio morir en esta misma casa del barrio de Laureles. Tenía el propósito Fernando Vallejo de que El don de la vida se convirtiera en su última novela y que su epitafio literario fuese un libro lleno de dolor, de tristeza, de desastre, un libro sin insultos y sin malas palabras.
-Pero no lo logré. Uno no escribe lo que quiere, sino lo que puede.
Y no lo logró, según confiesa, porque al sentar a su protagonista en una banca de ese "parque desdichado de mendigos, prostitutos, prostitutas, chantajistas, estafadores, lustradores de zapatos, vendedores de lotería, expendedores de droga y travestis", su literatura fue invadida por el idioma de la vida, por el habla de Medellín. "Que es un habla llena de grosería", dice Vallejo, "y yo no puedo falsear el lenguaje".