Carlos Cortés, escritor costarricense, explica así el lema nacional:
"En boga desde hace tres décadas, el auge turístico convirtió este dicho popular en marca país y en profecía autorrealizada. Elogio de la autoafirmación elevado al rango de eslogan nacional, semeja ser el espejo ideal de un país que se considera el más feliz del mundo, pero revela el temor del costarricense a mostrarse sin máscaras delante de los otros."

