( foto M. Yamamoto )
Hac Marín, hermanablemente, me ha regalado por Año Nuevo este fascinador texto:
Aquel transeúnte, despistado como él mismo, caminaba despacito y cuesta arriba por la calle empedrada .
Con una gota de sudor a punto de desbordar la ceja, entrevió las escaleras sin darles mayor importancia; el primer peldaño le pareció algo raro, pero como había quedado con su amante, se apresuró con el resto de la escalinata.
La entrepierna fue la primera parte que contactó con la divergencia, se notó extraño cuando la racha de aire afilado le seccionó mediante mitosis, en dos mitades exactas.
Fue consciente de la división e intuyó que ahora valía la mitad pero, despistado como era, siguió ascendiendo a la pata coja.
Cada parte se separaba un poco más a medida que subía los peldaños, así cuando llegó arriba, apoyó el brazo izquierdo en el alféizar de aquella ventana y comprobó que se notaba más ligero. La vacuna que, a modo de "doblón de a ocho", lucía desde niño en el hombro derecho, ya era recuerdo.
Siguió calle arriba, despreocupado. La mitad de su vida había decidido hacer novillos. Ociosamente, dejó calentar su única mejilla por el sol del atardecer granaíno.

