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domingo, 27 de diciembre de 2015

Año Nuevo


Año Nuevo                                       

La verdad empieza en el cuerpo. Cada día, una vida. 
Pero ¡cuidado! Que la vida no es lo que se lee en los periódicos. Ni en internet. Las apariencias no engañan. 
Deseo un buen año 2016 para todos vosotros.

Manuel María Torres Rojas.


Foto Masao Yamamoto.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Navidad y Año Nuevo


Navidad y Año Nuevo                    

La mejor celebración de estas fiestas es siempre la más perfecta normalidad.

Ello es lo que te deseo ahora y también para todo el 2016.

Cada día, una vida.

Abrazos

Manuel María Torres Rojas


(foto M. Yamamoto)

jueves, 4 de agosto de 2011

¿Es usted escritor? (tercera versión)


( el editor en Cuba )

La Dama De Buen Ver, o alguna mujer bajo ese heterónimo, me ha enviado un correo con su versión de nuestro encuentro en la Casa de América, que publico a continuación:

"La otra tarde, con mucha desgana, hice el esfuerzo de asistir a un encuentro literario en la Casa de América. En un rellano de la escalera del palacio de Linares, me topé con un señor de buen ver y aire de ahí me las den todas. Su cara me sonaba de algo, probablemente de algo relacionado con el mundo editorial de mi marido. Me acerqué con fingida torpeza y le pregunté:
-Me han dicho que usted escribe.

-Sí, señora, contestó el cincuentón con aparente desapego, desmentido por el brillo de sus ojos.

-Y... ¿desde cuándo lo hace usted? Mis preguntas no estaban siendo burbujeantes de ingenio pero…conozco bien a muchos escritores y a sus egos; normalmente prefieren preguntas simples para ellos responder con lucimiento.

-Pues... más o menos desde que aprendí a escribir. A leer aprendí yo solito, juntando las letras de los rótulos de los comercios de la calle que me nació. A escribir me enseñaron los libros que, a hurtadillas, tomaba de la biblioteca de mi padre.

¡Bueno, bueno!…me dije. Este tío no es tonto, utiliza bien las palabras y tiene una media sonrisa que me pone. Voy a someterle a una última prueba. Le preguntaré aquello que más cabrea a quienes escribimos:

-Bien, bien... y ¿de qué tratan sus libros?

-Señora, mis relatos tratan de lo que está escrito en ellos, es decir, del amor, de las mujeres y de la vida y de mis cosas.

Le apunté un notable en su haber. No le di sobresaliente porque parte de su respuesta es el título de una colección de poemas de Benedetti, aunque también es cierto que las personas leídas y escribidas nos utilizamos unos a otros, la mayor parte de las veces inocentemente. Un notable es suficiente para meterme en su cama.

Sonreí, deslicé en su mano izquierda un papelito con mi número de teléfono y me marché balanceando mis caderas al ritmo del mar Caribe. Mi padre siempre me decía, cuando niña, que me movía mejor que la olas. De mayor supe que la frase paterna pertenece a la letra de un bolero. Y que mi marido es un gilipollas de tomo y lomo."


( foto Isabel Muñoz )

miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Es usted escritor? (segunda versión)



( el autor en Cuba )


Entre los bienqueridos comentarios que mis idolatradas lectoras fueron depositando en el regazo de la versión primera de este fugaz encuentro en la Casa de América, se hace evidente una corriente crítica con mi seca respuesta a la bella dama que me abordó. A ellas, y a todas las improbables e impagables personas que me leen, dedico esta segunda versión de lo acaecido:


Asistí anteayer a un sarao literario en la Casa de América. Una señora de buen ver se acercó y amablemente dio origen a este breve diálogo: 

-Me han dicho que usted escribe.
-Sí, señora.
-Y... ¿desde cuándo lo hace usted?
-Pues... más o menos desde que aprendí a escribir. A leer aprendí yo solito, juntando las letras de los rótulos de los comercios de la calle que me nació. A escribir me enseñaron los libros que, a hurtadillas, tomaba de la biblioteca de mi padre.
-Bien, bien... ¿y... de qué tratan sus libros?
-Señora, mis relatos tratan de lo que está escrito en ellos, es decir, del amor, de las mujeres y de la vida y de mis cosas.

La dama sonrió, deslizó en mi mano izquierda un papelito con su número de teléfono y se marchó balanceando sus caderas al ritmo del mar Caribe.