( tomé esta foto en Murcia )
Al alborear mi día, recién salido de la tercera duermevela, el portero me despierta a voz en grito :
- ¡Los bombillos de la puerta se han cruzado! No puedo entrar con el del butano.
Treinta horas después y trescientos euros menos, el cerrajero certifica que la operación ha sido todo un éxito, que mi puerta blindada ya no está desviada y que funciona por el conducto reglamentario.
