Soy persona ordenada por fuera y desordenada por dentro.
Me explico: tengo un exterior clásico y un interior romántico.
Carrocería burguesa con motor ácrata, ¿me siguen?...
Cada día, necesito encerrarme un rato a solas conmigo mismo
para olisquear en mi desorden interno,
no sea que se halla colado el virus del orden lógico
en mi rayado disco duro.
¡Tranquilo en apariencia, inquieto en esencia!
(foto del autor tomada en su exilio espiritual mallorquín)