( foto Masao Yamamoto )
En la hora confusa,
se me levanta una certeza:
en la redoma de los peces de colores
uno teñido de rojo ha perdido el alma.
Mi conciencia intenta inyectarme
una sobredosis de la sempiterna ponzoña
amarga de la culpa original.
¡Lenta pasa la hora de la anteluz, en tanto que
la ira muda la color de mi rostro!

