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sábado, 7 de diciembre de 2013

ADÁN EN EDÉN


( Foto Pedro Meyer )

Adán en Edén, hermosa, burlona y necesaria novela de Carlos Fuentes, es una puesta en escena del México más rabiosamente actual. El escritor esquiva lo previsible y carga las tintas sobre los puntos más negros de la historia y la intrahistoria mexicanas en una lengua llena de significados, doble intención y silencios.

sábado, 21 de abril de 2012

Ciudad Juárez


Cinco personas asesinadas en 24 horas en Ciudad Juárez

Por:  20 de abril de 2012
Mujer asesinadaFOTO: Alejandro Bringas(EFE). El cuerpo de una mujer yace en Ciudad Juárez el martes.
Salía de hacer la compra con un bebé en brazos, pero eso no impidió que alguien le disparase desde un coche en marcha hasta en 27 ocasiones. Ella -una mujer de unos 25 años- murió en el acto. El pequeño, milagrosamente, resultó ileso. En el transcurso de 24 horas fueron asesinadas a balazos otras cuatro mujeres en Ciudad Juárez. Dos en el interior de su automóvil familiar, una en el aparcamiento de un centro comercial y otra mientras iba caminando por la calle.
La proximidad de los sucesos y el tipo de arma  -del mismo calibre- empleada en los ataques de esta semana ha llevado a los investigadores a considerar una posible relación entre los hechos, sin descartar tampoco que los asesinos hayan matado por error. Pero probablemente todo se quede en eso, en una suposición. Alma Gómez, coordinadora del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres en Chihuahua resume la idea: “El asesinato perfecto es aquel que se ejecuta con un arma de fuego. La autoridad dice ‘crimen organizado’, y ya está. Se acabó. Nadie investiga nada”. 
En lo que va de año, la Fiscalía General de Chihuahua ha registrado 361 homicidios. De esos, en 52 casos la víctima era una mujer. Según la misma fuente, en todo 2011 hubo 1.933 asesinatos, 169 correspondientes a mujeres. “Las muertes por arma de fuego crecieron masivamente después de 2007”, señalan las autoridades, “pero desde el año pasado se aprecia un retroceso”.

Si bien es cierto que las estadísticas no mienten, episodios violentos como los vividos entre el 16 y el 17 de abril, con cinco mujeres muertas en varios tiroteos, tampoco. El viernes anterior, relata la periodista del Diario de Juárez Sandra Rodríguez, el cuerpo de Andrea, una adolescente de 15 años, fue descubierto tendido boca arriba en la calle, con heridas de bala en la espalda y los ojos. Entre los sospechosos del asesinato figura un niño de 14 años. Rodríguez, autora del libro La fábrica del crimen, sostiene en su obra que los jóvenes del municipio matan porque no existe un castigo por hacerlo, porque el homicidio no se investiga y hay una especie de conciencia de impunidad.
En la mañana de este jueves, otra mujer murió en la localidad tras ser disparada en la vía pública.  Desde el Centro de Derechos Humanos hacen hincapié en el siguiente dato: entre 1993 y 2007 una mujer era asesinada cada 12-14 días en todo el Estado de Chihuahua. En  2008, después de que el presidente de la República declarase la guerra al crimen organizado, hubo un repunte de las tasas de homicidios, "en particular, de los cometidos contra mujeres". Así, en 2010 se produjo un feminicidio cada 20 horas, lo que suma un total de 446 en el conjunto del año y el 69% ocurrieron en Ciudad Juárez. En 2011, hubo una muerta casi al día, con 364 fallecimientos en los doce meses. El dato duplica el aportado por la Fiscalía, a lo que la coordinadora Alma Gómez responde: “Ellos siempre te van a decir menos”.
“Estamos en una situación de guerra, y en las batallas, la mujer se percibe como el botín”, recuerda Gómez. “Hay  muchas partes del conflicto  que son invisibles. Las autoridades contabilizan muertos, que es lo que les interesa, pero no ven otros problemas, como el desplazamiento de muchas mujeres del campo a la ciudad para evitar ser raptadas o violadas”. Para Alma Gómez, los Gobiernos han hecho invisibles también a las viudas, a las abuelas que cuidan a sus nietos y no pueden ofrecerles servicio médico, a las mujeres que van a las morgues a reconocer a sus muertos o a las que deben hacerse cargo de adultos enfermos.
Cementerios clandestinos cerca de la ciudad
En lo que va de año, doce cadáveres han sido encontrados en el desierto del Valle de Juárez, una zona situada a 30 kilómetros de la ciudad fronteriza con EE UU. Mediante el análisis de ADN de familiares de mujeres desaparecidas entre 2009 y 2010 se ha logrado identificar ya a seis de ellos.
Desde 1995, el Valle de Juárez se ha convertido en una especie de cementerio clandestino. “Inicialmente violaban, mataban y enterraban allí a las mujeres”, relata la Fiscalía, “pero a partir de 2007, los asesinatos fueron, fundamentalmente, con arma de fuego”.
Alma Gómez recuerda que no es la única zona alrededor de Juárez que se utiliza para deshacerse de los cuerpos: “Las cuevas del Cerro Bola, el Cristo Negro…”, enumera. "No es un fenómeno nuevo". Y repite: "Atribuir las muertes al narco es la mejor excusa para no investigar".

viernes, 6 de abril de 2012

Narcoliteratura: más allá




Más allá de la narcoliteratura
Los nuevos autores mexicanos se alejan de la guerra contra las drogas para explorar las violencias más íntimas de un país desengañado.
Su narrativa, formada por voces individuales, refleja una tensión entre identidad y globalización.

(El País)  LUIS PRADOS México 

En la era del narco parecería evidente que el éxito de novelas como El poder del perro, de Don Winslow; La reina del Sur, de Arturo Pérez-Reverte, o Balas de plata, de Elmer Mendoza, se debe a que describen con solvencia no solo la realidad sino también el momento que atraviesan las letras mexicanas. La ficción confirmaría los prejuicios del lector de prensa y las editoriales extranjeras atenderían esa demanda. Así se ve desde el exterior: en México se escribe narcoliteratura. Un género protagonizado por traficantes, prostitutas, travestis, cadáveres decapitados y muertos por sobredosis, habitantes de un mundo sórdido, violento y corrupto. Como todos los tópicos tiene parte de verdad —aún se escribe mucha narcoliteratura en este país—, pero no toda. Al menos no entre buena parte de los nuevos narradores mexicanos nacidos en los años setenta.
“Hay dos narcoliteraturas: la policiaca y la literaria”, explica Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), autor del libro de relatos Arrastrar esa sombra y de la novela Morirse de memoria (los dos en la editorial Sexto Piso). “La segunda aborda el fenómeno no como personaje sino como escenario, como un espacio en el que tienen cabida tanto las historias de amor como la emigración y los parricidios. El aumento de la violencia social va siempre acompañado del aumento de violencias más íntimas”.
Dejando aparte a Bernardo Fernández, Alberto Chimal e Iris García Cuevas, que escriben thrillers con vocación social llenos de sexo explícito y violencia inteligente, en el segundo ámbito definido por Monge estarían algunas de las estrellas más interesantes y sugerentes del firmamento literario mexicano actual. Yuri Herrera (Actopan, 1970), Carlos Velázquez (Coahuila, 1978), César Silva Márquez (Ciudad Juárez, 1974) y Nadia Villafuerte (Tuxtla Gutiérrez, 1978), cuya novela Por el lado salvaje(Ediciones B) empieza con estas frases: “El sexo es cuanto me une a la vida. Lo supe desde la infancia. Y no tuve infancia”.
Yuri Herrera sitúa sus historias en la frontera con Estados Unidos y en su escritura emplea el lenguaje oral del Norte, con una expresión austera y concisa, donde los silencios pesan como monedas de plata. En Trabajos del reino, su primera novela y su primer éxito, huye de los clichés y trasciende el escenario del narcotráfico para ir más allá y plantear una historia sobre el artista y el poder —un cantante de narcocorridos en la corte del capo de un cartel—. En la segunda, Señales que precederán al fin del mundo, también en Periférica y también de poco más de cien páginas, su protagonista Makina cruza al Norte en busca de su hermano para lo que tendrá que superar varias pruebas. “Miró el país que proliferaba tras el cristal. Ella sabía lo que había ahí, sus colores, la penuria y la opulencia, los recuerdos vagos de un tiempo menos cínico, los pueblos vacíos de hombres” (página 35). La realidad miserable, la atmósfera mítica, la angustia de siglos: “Nosotros los oscuros, los chaparros, los grasientos, los mustios, los obesos, los anémicos. Nosotros, los bárbaros” (página 110).
Carlos Velázquez es el gran destroyer de la literatura mexicana actual. Su libro de relatos La biblia vaquera. (Un triunfo del corrido sobre la lógica) (Sexto Piso) sacudió la escena literaria por su personal visión del mundo del Norte, su ritmo verbal, la originalidad de personajes, escenarios y argumentos. La Biblia vaquera es un artefacto inclasificable donde lo deforme se une a lo absurdo en una realidad fuera de control. “De su imaginación nacen dj’s, luchadores, domadoras, bebedores olímpicos, cantantes de rancheras, diablillos y narquillos que habitan una hipotética zona, PopStock!, la suma de todos los posibles norte de México”, ha escrito el crítico y editor Roberto Pliego en la revista Nexos. “El principal orgullo de la condición norteña es su cualidad violenta, sexista y sin sentido, casi casi hip-hop”, escribe Velázquez (página 92).
Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976) defiende que “la literatura debe ocuparse de personas normales y abandonar a los hombres extraordinarios”. “Me interesa la gente común que crea universos extraordinarios y discursos potentes. En la literatura mexicana actual hay más hordas de locos que de trabajadores”, dice el autor de la novelaRecursos humanos (Anagrama) y la más reciente Ánima (Mondadori). Dos libros en los que Ortuño aborda respectivamente la rutina de una oficina de pesadilla y la explotación de unos aprendices en el mundillo del cine para crear con fuertes dosis de ironía un hábitat mezquino y vacío, espacio común del desengaño de tantos mexicanos.
No hay machos alfa ni tráfico de drogas ni fascinación con la violencia en su literatura como tampoco los hay en las obras de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983), a caballo entre Nueva York y el DF; de Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), que pasó buena parte de su adolescencia en Francia, o de Tryno Maldonado (Zacatecas, 1977), tres autores característicos de la globalización mexicana. Luiselli teje en Los Ingrávidos (Sexto Piso) una telaraña de vidas fantasmales en el Nueva York de finales de los años veinte plagada de referencias culturales. Nettel elabora en El cuerpo en el que nací (Anagrama), en parte autobiográfica, la educación sentimental de una niña crecida en una familia de exiliados del Cono Sur y Maldonado narra en Temporada de caza para el león negro (Anagrama) la vida efímera y excesiva de un joven genio de la pintura a golpes de pasión.
Son ejemplos de literatura ciudadana que describen una realidad episódica y fragmentada como hace Emiliano Monge, con un estilo muy personal en Arrastrar esa sombra, donde construye un paisaje urbano de planos superpuestos —“La ciudad se expande como gota de mercurio sobre el valle” (pagina 91)—, un laberinto donde todo sucede ahora y a la vez.
La nueva narrativa mexicana vive una tensión entre identidad y cosmopolitismo —“es un tema muy viejo en nuestra literatura”, precisa Luiselli; “los dos se complementan”, opina Ortuño— y no es ajena al signo de los tiempos, la globalización. Un proceso que en este país tuvo su pistoletazo de salida con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos en 1993, cuando se abrió al exterior y desembarcaron las editoriales extranjeras.
“Los narradores más recientes, en su mayoría, ya no se plantean la dicotomía local-global como un problema que haya que superar. Escribimos desde un espacio plenamente global. Yo creo que México es Manhattan y es Berlín aunque los gringos y los alemanes no lo sepan todavía. Y por supuesto, no es una barbaridad decir que somos hijos del TLC”, dice Luiselli.
Antonio Ortuño coincide en que con el TLC “México entra en la posmodernidad”, pero advierte contra “el esnobismo y la mirada de turista” en las letras mexicanas: “Personalmente me interesan mucho más las vidas de los mexicanos que cruzan a nado la frontera con Estados Unidos que las de los que van allí a sacarse su quinto doctorado”.
“Cada quien es hijo de su tiempo y nuestro tiempo innegablemente es el del TLC y el del alzamiento zapatista”, afirma por su parte Monge. “Pero también somos hijos de la desolación que dejaron a su paso nuestros padres, quienes vendieron su esperpéntica derrota de 1968 como una gran victoria. Es decir, somos hijos de una democracia de papel que no funciona en la práctica. Somos hijos del desengaño y el egoísmo y nietos de la injusticia, el desorden y una cierta solidaridad ya agotada”, añade.
Esta percepción de un México a la deriva es un rasgo común de estos jóvenes escritores tanto como lo es la enorme influencia de los autores de Estados Unidos desde Stephen King a John Fante pasando por losbeatniks y Jonathan Franzen. Una influencia que, dada la proximidad geográfica, viene de antiguo pero que se corresponde, como dice Monge, con la actual presencia norteamericana “en la televisión, la radio, la vestimenta y hasta la comida mexicana de ahora”. “Solo falta que la música country se imponga a la música de banda”.
A esta tendencia se une la voluntad de muchos escritores jóvenes de romper con los grandes nombres de la literatura mexicana (Paz, Rulfo, Fuentes), autores que van perdiendo señal para las nuevas generaciones, y recuperar a figuras como José Emilio Pacheco, Jorge Ibargüengoitia y Sergio Pitol. “Pero por más que se ponga de moda matar al padre y matar a los caudillos literarios, los buenos libros van a seguir ejerciendo su influencia”, coinciden Luiselli y Ortuño.
Los escritores mexicanos del siglo XXI no forman una generación ni una facción ni un movimiento. Son un grupo de voces individuales, del que este reportaje solo recoge algunas, enfrentadas a una realidad mucho más amplia que la del narco en el que las cosas están dejando de ser lo que eran. Como dice Monge: “Lo único común entre los escritores mexicanos contemporáneos es que todos somos cazadores y que son tantas las bestias y es tan grande el paraje que no tenemos que encontrarnos ni compartir presas ni armas”. 

jueves, 9 de febrero de 2012

América Latina: nuevo "descubrimiento"


Por: Blogs ELPAIS.com | 09 de febrero de 2012



Mural, 1961. Obra en la exposición Soto de la Grey Gallery de Nueva York. Hasta el 31 de marzo

UNA PREGUNTA A....

Robin Cembalest, directora de la revista Art News
¿Por qué hay tanto interés por el arte latinoamericano en EE UU ahora?
Creo que es porque las tendencias intelectuales internacionales están coincidiendo con las realidades demográficas. La historia del modernismo que se solía contar en este país, en libros de texto y a través de las salas de los museos, era demasiado lineal y superficial, focalizada casi exclusivamente en la creación europea y norteamericana. Ahora que el canon se está expandiendo y los comisarios e historiadores del arte están “descubriendo” estos sorprendentes artistas, que han estado allí todo el tiempo –tanto en América Latina como en Asia, África u otros lugares alejados de las consideradas capitales— los museos, galerías y universidades están presentando visiones más inclusivas, más matizadas y texturadas de la historia del arte. El interés por América Latina es parte de eso.
Hay también una toma de conciencia creciente de que los países latinoamericanos están infrarrepresentados en el mundo del arte, --tanto sus minorías en rápido crecimiento, como las mayorías de algunos lugares—y que los museos necesitan llegar a este segmento de la población. En estudios realizados por profesionales de los museos se estima que solo el nueve por ciento del público de los museos no es de raza blanca. Muchos museos tienen claro que desean crear programaciones que atraigan a gente que comparta el mismo origen que el de las obras de los artistas que están adquiriendo.
Por último está el mercado. A medida que más y más coleccionistas –sean latinoamericanos o no-, se interesan en el arte de América Latina, las galerías y casas de subastas están respondiendo con la oferta de más obras de arte.



Diego de Rivera. México

Why is there so much interest in Latin American art in the United States right now?
 I think it is because intellectual trends are coinciding with demographic realities. The story of modernism that used to be told in this country, in textbooks and in museum galleries, was linear and narrow, focused almost exclusively on creation in Europe and North America. Now, as the canon is being expanded, and curators and art historians are “discovering” these amazing artists who have been there all along--whether in Latin America, Asia, Africa, or other centers far from perceived capitals--museums, galleries, and universities are presenting a more inclusive, more nuanced, more textured view of art history. The interest in Latin American art is part of that.

There is also a growing realization that Latin Americans, the country’s fastest-growing minority —and, in some places, a majority— is underserved and underrepresented in the art world, and that museums need to reach out to this segment of the population. Surveys conducted by museum professionals estimate that only nine percent of the art museum audience is nonwhite. Many museums are clear about the desire to create programming that attracts people from the countries where their new acquisitions were made.
Finally there is the market. As more and more collectors—whether they are Latin American or not—focus on Latin American art, galleries and auction houses are responding by offering more artworks.

lunes, 22 de noviembre de 2010

MÉXICO AMANECE


( Fotograma del film Milagro en Milán (Vittorio de Sica, 1951) )


"Por más tarde que amanezca, el sol sale para todos"


"En México se dice que el sol es la cobija de los pobres. Pero creo que también se dijo lo mismo en la película neorrealista italiana de Roberto Rossellini, Milagro en Milán, en la que todos los pobres que han pasado una mala noche corren a refugiarse juntos bajo el primer rayo de sol. La imagen es inolvidable, al menos así lo fue para mí. En México, cuando no hay sol, la gente se muere. En mi país el frío es intolerable y el peor asesino porque, a diferencia de Europa, las casas no tienen calefacción y las de las barriadas y cinturones de miseria son de cartón y de lámina, y muchos de sus habitantes amanecen sin vida."

Elena Poniatowska, escritora mexicana, interpreta así este dicho de uso común en México.
Nota del editor: la hermosa y tristísima película citada fué dirigida por Vittorio de Sica, que no por Rossellini.

sábado, 20 de marzo de 2010

MÉXICO


"Por más tarde que amanezca,
el sol sale para todos"

"En México se dice que el sol es la cobija de los pobres. Pero creo que también se dijo lo mismo en la película neorrealista italiana de Roberto Rossellini, Milagro en Milán, en la que todos los pobres que han pasado una mala noche corren a refugiarse juntos bajo el primer rayo de sol. La imagen es inolvidable, al menos así lo fue para mí. En México, cuando no hay sol, la gente se muere. En mi país el frío es intolerable y el peor asesino porque, a diferencia de Europa, las casas no tienen calefacción y las de las barriadas y cinturones de miseria son de cartón y de lámina, y muchos de sus habitantes amanecen sin vida".

Elena Poniatowska.