viernes, 26 de septiembre de 2014

AGUACERO


(foto tomada por el autor)

Besos vuelan la ciudad hacia la niña.
Míos son. Para ella son.
No siento lo que me dice.
¿Me ordena que suba a verla?
Luego será, que ahora me entretiene
el venero de mi escritura.
Triste estoy de no notar mi contento,
canta el niño interior que moja sus chirucas
al borde del mar.
El rey amigo que me vive
manda entregar en la primavera blanca
el aguinaldo de la roja navidad.
La nube de mis besos
vuelve a casa sin descargar
y se cuela en la nevera
en papel de celofán.
¡Qué de mimos a punto de congelar!
¿Adónde va el turbión que ha desnudado
el celindo del patio sur?
¡Mucha prisa y poco tiento
lleva ese loco aguacero!
¡Bien ido sea!

sábado, 6 de septiembre de 2014

MISÓGAMO

Eso es lo que soy. Un misógamo.
Que no misógino ni misántropo.
"Prefiero que me atropelle un tren
a casarme de nuevo"
Así habló Madonna en el programa
de televisión de Letterman.

jueves, 12 de junio de 2014

Crónica de la ciudad de Caracas



-¡Necesito que alguien me oiga! —gritaba.

-¡Siempre me dicen que venga mañana! —gritaba.

Arrojó la camisa. Después las medias y los zapatos.

José Manuel Pereira estaba parado en la cornisa del piso 18 de un edificio de Caracas.

Los policías quisieron atraparlo y no pudieron.

Una psicóloga le habló desde la ventana más próxima.

Después, un sacerdote le llevó la palabra de Dios.

-¡No quiero más promesas! —gritaba José Manuel.


Desde los ventanales del restorán de la Torre Sur, se le veía parado en la cornisa, con las manos pegadas a la pared. Era la hora del almuerzo, y éste fue el tema de conversación en todas la mesas.

Abajo, en la calle, se había juntado una multitud.

Pasaron seis horas. 
Al final, la gente estaba harta.
¡Que se decida! —decía la gente.

—¡Que se tire de una vez! —pensaba la gente.

Los bomberos le arrimaron una cuerda. Al principio, él no hizo caso. Pero finalmente estiró una mano, y luego la otra, y agarrado a la cuerda se deslizó hasta el piso 16. Entonces intentó meterse por un ventana abierta y resbaló y cayó al vacío. Al pegar contra el piso, el cuerpo hizo un ruido de bomba que estalla.

Entonces la gente se fue, y se fueron los vendedores de helados y los vendedores de salchichas y los vendedores de cerveza y de refrescos en lata.


( El texto es del gran escritor Eduardo Galeano y la foto de los periódicos )

sábado, 7 de junio de 2014

El caso del taxista hiperactivo



('Sloan's', cuadro del pintor Richard Estes)

Agarro un taxi a la vera de la clínica de mi maestro japonés, de vuelta a mi encierro del barrio, una vez tonificado por una concienzuda sesión de shiatsu.

El hombre que conduce el coche de alquiler empieza a hacer cosas raras. Se salta un semáforo y se cambia de carril a cada poquito. Sin poner el intermitente. Ensayo el truco de darle conversación para ver si se tranquiliza.

-¿Lleva usted mucho tiempo en esto del taxi? pregunto por preguntar.

Me mira por el retrovisor, atravesando el plástico ese de seguridad que te deja sin aire acondicionado en verano y que no protege ni de un atraco perpetrado por un niño de teta. Me cuenta que no, que lleva poco tiempo en el oficio.

-Verá usted. En realidad yo soy informático, pero, como también soy hiperactivo, cada dos años tengo que cambiar de trabajo porque me pongo muy nervioso.

Susurro en voz baja que ha ido a elegir un trabajo que ataca los nervios. Me pica la curiosidad e indago si se autocalifica con conocimiento de causa.

 -¿Dice usted que es hiperactivo?

 Se salta un par de semáforos más, insulta a una señora gorda que está subida a un BMW todoterreno y que espera a la salida de un colegio plácidamente estacionada en cuádruple fila y me dice:

 -Pues verá usted, el psicólogo del colegio diagnosticó mi problema porque no seguía bien los estudios por falta de concentración. Mientras estudiaba informática ayudaba a mi padre en el taxi y, de entonces acá, cuando me canso de un trabajo y me entra la neura, me vuelvo al taxi.

Ya en casa, recuerdo que en mi clase del colegio había un niño que hoy sería tratado con la consideración que merece una criatura hiperactiva. Entonces, en aquella época despiadada para con los débiles o diferentes, mi compañero era tachado de zascandil y botarate, y medicado a base de capones y puestas de cara a la pared en todos y cada uno de los recreos de cada curso escolar. Ahora es un jefazo en el partido populista y sigue sin concentrarse en su oficio, si es que tiene alguno.

sábado, 7 de diciembre de 2013

ADÁN EN EDÉN


( Foto Pedro Meyer )

Adán en Edén, hermosa, burlona y necesaria novela de Carlos Fuentes, es una puesta en escena del México más rabiosamente actual. El escritor esquiva lo previsible y carga las tintas sobre los puntos más negros de la historia y la intrahistoria mexicanas en una lengua llena de significados, doble intención y silencios.

sábado, 30 de noviembre de 2013

ÁBREGOS TRAJERON


         Los ábregos llovedores trajeron,con el ángelus, este regalo doliente:

Cerrojos de hambre y espinas,
tristeza de carmelitas
allá en Ayala amanecen,
mientras mi alcoba se crece
helándome el corazón.
¡Que lejos os llevaría si pudiera, vida mía!
Pasión y emoción cedieron
ante el yerro de razón
y mudaron en estatua
los gestos del corazón.
¡Oh carmelitas descalzos
devolvedme el mío amor!
Sola y muda ya me deja
Solo y mudo allá marchó.

domingo, 1 de julio de 2012

México ¡a votar!


#YoSoy132 reflexiona en la calle

Miles de personas participan en una marcha en México DF en la víspera de las elecciones (El País)

 México 1 JUL 2012 - 07:09 







¡A votar!

lunes, 28 de mayo de 2012

Nacionalismos y cocaína


(ilustración James Gillray)


Niall Ferguson, historiador y profesor en Harvard, Oxford y Standford, en su libro "Civilización, Occidente y el resto", parafrasea a Marx cuando dice que la religión es el opio del pueblo y añade:

                                             "El nacionalismo es la cocaína de las clases medias"

martes, 15 de mayo de 2012

México: muere Carlos Fuentes


Era autor de más de 20 novelas y contaba con el Premio Cervantes (1987) y el Príncipe de Asturias (1994). Escribió obras como 'La región más transparente', 'La muerte de Artemio Cruz', 'Cambio de piel' o 'Terra nostra'

miércoles, 2 de mayo de 2012

Chile y Nicanor Parra


( ilustración de Scianmarella )

NICANOR PARRA Y CHILE

“La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas.”

Escrito el año 1972, en plena efervescencia política desatada por el proyecto allendista de democratización del socialismo: un presidente no impuesto por la revolución obrera, sino por un proceso electoral burgués, fenómeno que contradecía toda la historia de acceso al poder de los llamados socialismos reales, sin duda que desató sospechas y rechazo en el seno de los partidos de izquierda. Se trataba de una clara ironización, una parodia de los esloganes que el pueblo gritaba en las calles: la izquierda unida jamás será vencida. Si a ello se añadía otro artefacto publicado por "El Mercurio" de la época: "el marxismo ya no da más chispas", era muy fácil acusar a Parra de payaso de la burguesía. Sin duda que está última se reía a gritos con el artefacto, pero sospecho, aunque en silencio, lo hacían también algunos "camaradas". El rechazo, la risa, la complacencia, tenían sin embargo un fondo común: ponía ante los ojos de todos, lo que iba a conducir al país al desastre: la perversidad de las exclusiones, las negaciones del otro, la concepción de la política como guerra. Parra no sólo pone en evidencia la enfermedad de su época, sino que recoge un sentimiento mayoritario de la comunidad: no a la guerra, sí al entendimiento. Sintonía admirable con la conciencia colectiva: inventar un espacio poético a antipoético en que la reconciliación era posible.
Leer el artefacto de otro modo, como un chiste, como una provocación a la izquierda, no tiene otro sentido que la mezquindad y no explica en nada su impacto, su éxito público.
Aún más, Parra arremete contra los binarismos perversos de la cultura occidental, demuele los bloques de oposiciones construidas por las ideologías y los humanismos escolares, abre una línea de fuga flexible, es decir, un modo de resistencia a los bloques perversos que obligan al hombre, con mayúscula, a ser esto o lo otro (Deleuze).
Transformado el enunciado 30 años más tarde en un artefacto visual: la frase aparece ahora escrita en un cartón puesto sobre un podio acompañado de una portada de "El Mercurio" del domingo 4 de marzo del año 2002 en que Joaquín Lavín y Fidel Castro se dan un caluroso apretón de manos, cambia totalmente de lectura.
Lo primero que uno tiende a preguntarse: ¿Es Parra la reencarnación moderna del oráculo de Delfos?
En 1972 enunció lo que pasaría en el 2002. ¿Vate descarriado, como se apuntaba al comienzo?
Más que profecía veo aquí una sintonía con un rasgo también perverso de la época: su brutal pragmatismo, o si se quiere más líricamente un retrato de la muerte de las ideologías. No hay aquí una disolución de los contrarios, hay un entendimiento interesado de ellos. No hay un rechazo de los binarismos, un reconocimiento del otro, hay, más bien, un acomodo por conveniencia. La fuga, de la que hablé anteriormente, significa una desterritorialización de los bloques, cosa que no sucede en el artefacto visual. El territorio Lavín, la derecha, sólo se ha rozado con el territorio Fidel, la izquierda, sin cambiar un ápice sus contornos. El apretón de manos no sella otro compromiso que el dictado por las conveniencias del poder.
Parra saca a la luz la enfermedad con que comenzó el siglo XXI: una enfermedad «posmo»: el pragmatismo que quiere hacernos creer que las bipolaridades han terminado, que ya no hay más izquierdas ni derechas, ni muy pronto habrá ricos y pobres, basta crecer al 7% anual.
Así, muchos pueden leer y ver el artefacto y decir: ¿Se dan cuenta? La política dejó de ser una guerra.
O bien, las ideologías ya no funcionan. Parra es un genio que anunció 30 años atrás al cambio, el vuelco total.
En primer lugar, quienes piensan de este modo pasan por alto la ironía del artefacto e ignoran que el poeta clásico no sintoniza con lo más inmediato de la época, porque su papel no es expresarla, sino recoger las energías dispersas, los flujos emocionales secretos, para inventar así un pueblo que falta (utilizo una terminología de Deleuze), un pueblo que está enterrado. Y este pueblo deshermanado sabe muy bien que el cuento de que se terminaron las contradicciones es una ficción del poder para alcanzar sin problemas sus fines de dominio.