jueves, 28 de abril de 2011

Cuba: azúcar en salazón



Cuba, azúcar blanca y morena sitiada de sal. Azúcar en salazón.
Fundición profunda de sal y azúcar en sol azul.
¡Qué esquisito (sic) bocado esta isla, y qué peligroso!

( Juan Ramón Jiménez )

 

( fotos tomadas por mí )

domingo, 17 de abril de 2011

domingo, 10 de abril de 2011

¡Como las propias rosas!





Estas fotos que, modestia aparte, me han quedado niqueladas,
las tomé ayer sábado de abril un ratito antes de caer la noche.
¡Como las propias rosas!

viernes, 1 de abril de 2011

"Mi hermana y yo"


“Hasta el fin soñaré con aquella que me enseñó por primera vez las posibilidades del amor romántico. Contra sus besos, Sócrates, Schopenhauer, Salomón y Buda Sakyamuni sólo son envidiosos eunucos que han perdido el sabor de la vida."
Esta frase figura en el libro de memorias "Mi hermana y yo", atribuído por unos a Nietzsche, extremo que niegan otros eruditos y estudiosos del pensador alemán. Tampoco es indubitado que la dama que en la imagen consuela a Niesztche sea su hermana Therese Elisabeth Alexandra Förster-Nietzsche. Total, que no se sabe nada de nada, cosa que ya adelantó el sabio Sócrates: "Sólo sé que no sé nada". Amén.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Dolor lícito



"He venido-dijo el cuervo- para hacerte sufrir un poco más.
Y lo haré de la manera más lícita que hay de causar dolor:
contándote la verdad."

( el texto es de Albert Sánchez Piñol y la foto mía, que no de mí )

domingo, 13 de marzo de 2011

Cuando la luz ignoraba...



Cuando la luz ignoraba todavía...
tu eterno amor mentido...

( imágenes tomadas por el autor con un móvil N8 )

miércoles, 9 de febrero de 2011

Cruel confidencia V


( entrega final )

Me despierto en un puro sobresalto. Las pesadillas me hacían gritar.

El estómago me dice que el momento más duro de mi vida no ha llegado aún. Que llegará cuando el deseo se agote no y me queden ganas de zascandilear.

Desayuno un bull shot bien cargado de vodka. Me confortaba la idea de que hay diosas con tan buenas tragaderas que son capaces de dártelas con un tipejo que sólo sirve para ir a la oficina y al retrete.

¿Qué he de hacer con la tunanta de la habitación 425? Si me tropiezo con ella en medio de un pasillo del hotel, ¿temblara la firmeza de mi decisión? No me será fácil desapegarme de esa pelirroja para siempre jamás amén. No parece,no.

De la carpetilla de mi cuarto viudo de amor, saco una cuartilla con el membrete del “Hotel de La Fenice y Des Artistes”, San Marco, Campiello della Fenice 1936, y escribo:
“Fuiste desleal a tu conciencia, no apostando sólo por el amor que yo te entregaba…”

Ya se sabe que la mejor manera de olvidar a una mujer es hacer literatura con ella. Me suena a Henry Miller.


El resto de mi carta a la infiel eran prosaicas instrucciones sobre el aqua taxi que la depositaría en el aeropuerto Marco Polo aquella misma tarde y su número de vuelo para Madrid. La pasta, como siempre, corría de mi cuenta.
 

( foto de arriba: Wendy Bevan. Abajo: Saul Leiter )

viernes, 4 de febrero de 2011

Cruel confidencia IV


( cuarta entrega )

El problema del pijama era más fácil de solucionar que el peso del recuerdo de su olor de hembra. ¿Por qué me conmueven tantísimo las mujeres fatalmente pelirrojas?

Un billete de cincuenta euros convenció al hombre de la conserjería de que el guión exigía su llamada a la habitación de la infiel mujer de la mata de pelo rojo para pedir, en nombre mío, que recogiera al pronto mi equipaje.

Con otros veinte machacantes más, un mozo transportó mis maletas de la 425 a la 201. En plantas distintas y en alas opuestas. Distancia de seguridad.

En el minibar de mi nuevo cuarto no había ni vodka ni hielo. Opté por beber a morro dos botellines de Beefeater. Me tragué una píldora sedante, lavé mi cara y dientes y soñé con mi patio y mi aljibe y con las trenzas de mi primer amor de rubia trigo.

¿Siempre caeré en los mismos errores? ¿Es que no he de cansarme de desear la fruta del cercado ajeno? ¡Qué ciudad más puta y fría es Venezia!

lunes, 31 de enero de 2011

Cruel confidencia III


( tercera entrega )

En el camino de vuelta al hotel, ambos en marmóreo y civilizado silencio, se me hizo evidente la imposibilidad de pasar con ella aquella noche.

Necesitaba estar a solas con mi cabreo. Sentía repulsión hacia ella y su cruel y estúpida confesión. Paré un taxi y pedí a su conductor que acercara a aquella mujer, de pronto tan ajena a mí, al hotel contiguo a La Fenice.

Liberado de la insoportable presencia de Violante, me metí en el lounge bar del edificio Mondadori. Dos vodkas después, la cosa estaba clara.

En recepción pedí otra habitación, lo más alejada posible de aquella que habíamos compartido cuatro noches, con sus madrugadas, sus desayunos y sus apasionadas siestas. Me resulta imposible dormir sin pijama y con recuerdos.

( continuará... )

 

( foto del autor )

martes, 25 de enero de 2011

Cruel confidencia II


( ilustraciones de Anatoliy Kalugin )

( segunda entrega )

De ellas, mutables cual plumas al viento, mi razón no aguardaba sino
unas migajas de calor.
A pesar de ello, jamás me había sido dado imaginar que la hiel de su
confesión fuera tan amarga y tan honda la daga que me rasgó en dos.
En aquella cena en el Harr'ys Bar de Firenze, o quizás en la postrera en
la trattoria Da Ernesto en Venezia, la diosa de la roja mata de pelo rojo,
en el fragor del champagne Taittinger, me invitó a contemplar en
su teléfono de bolsillo una foto de su amante ultramarino.
Airado, rehusé su ponzoña y salí a la puta calle a
llorar un cigarrillo.
( continuará, probablemente...)
 

domingo, 23 de enero de 2011

Cruel confidencia



Durante la cena, a medida en que la noche se cerraba, la dolorosa confidencia
de aquella mujer con roja mata de pelo rojo se iba transformando en cruel
descripción, con pelos y señales, de su infidelidad para conmigo...

( continuará... )

Ilustración de Anatoliy Kalugin

martes, 11 de enero de 2011

La mitad de su vida


( foto M. Yamamoto )

Hac Marín, hermanablemente, me ha regalado por Año Nuevo este fascinador texto:

Aquel transeúnte, despistado como él mismo, caminaba despacito y cuesta arriba por la calle empedrada .

Con una gota de sudor a punto de desbordar la ceja, entrevió las escaleras sin darles mayor importancia; el primer peldaño le pareció algo raro, pero como había quedado con su amante, se apresuró con el resto de la escalinata.

La entrepierna fue la primera parte que contactó con la divergencia, se notó extraño cuando la racha de aire afilado le seccionó mediante mitosis, en dos mitades exactas.

Fue consciente de la división e intuyó que ahora valía la mitad pero, despistado como era, siguió ascendiendo a la pata coja.

Cada parte se separaba un poco más a medida que subía los peldaños, así cuando llegó arriba, apoyó el brazo izquierdo en el alféizar de aquella ventana y comprobó que se notaba más ligero. La vacuna que, a modo de "doblón de a ocho", lucía desde niño en el hombro derecho, ya era recuerdo.

Siguió calle arriba, despreocupado. La mitad de su vida había decidido hacer novillos. Ociosamente, dejó calentar su única mejilla por el sol del atardecer granaíno.